Clara Milavanoff
Febrero: llega el Carnaval en Montevideo, capital del Uruguay. Se levantan los tablados, unos teatros carnavaleros al aire libre que se encuentran en cada barrio; y en la ciudad se escuchan tambores ensayando. El desfile de la calle 18 de Julio marca el inicio del Carnaval más largo del mundo (un mes) y de un concurso artístico muy peculiar que caracteriza la mayor fiesta popular de los uruguayos. Las diferentes agrupaciones que participan en este concurso según diversas categorías (murga, lubolos, parodistas, humoristas y revistas) tienen cada una su originalidad, pero es la murga que consta del mayor número de conjuntos, y de hecho es la categoría de mayor tradición. Se trata de una expresión multicultural, pues debe su nombre a la tradición de murga española, pero tanto la vestimenta colorada y bufante como los maquillajes de estos "carapintadas" con los rasgos dibujados de manera exagerada, se inspiran en ell Arlequín de la Comedia del Arte italiana. Pero por todas sus particularidades, la murga uruguaya es una creación artística original, tanto auditiva como visual. Además, el carnaval teatralizado arriba del escenario es una forma propia al Uruguay. Si el Carnaval uruguayo fué una vía de expresión y un medio de engañar a la censura en tiempos de dictadura, hoy en día sigue siendo, a través de la murga, una expresión contestataria. Es que la murga es mucho a la vez: un canto de esperanza y melancolía, una obra de teatro poética y cómica, una sátira sociopolítica. En clave de realismo grotesco mezclado de humor, ironía y sentimentalismo, la murga pretende representar la realidad uruguaya a base de una estética y un sonido particular, con gran importancia de las letras que son una combinación de varios estilos, alternando monólogos poéticos cantados (de un solista o del coro) con cuplés que son pequeñas piezas teatrales, y que siguen un hilo director que constituye el título de la actuación de cada año. Con su crónica anual de la vida ciudadana que pretende ironizar lo cotidiano, los murguistas cantan los pensamientos de la calle, poetizan y teatralizan con lenguaje popular las críticas sociales y políticas, repasando acontecimientos memorables del año hasta dar por fin un toque de esperanza en la canción-retirada, que mezcla la melancolía de un final con la eterna promesa de volver al carnaval siguiente. Este coro de murga está generalmente compuesto de hombres de voces nasales que evocan el voceo de los vendedores callejeros de periódicos y canta sus letras con melodías conocidas, lo cual es otra característica de la murga. Sus gestos burlescos acompañan el compás peculiar de los tres únicos instrumentos: bombo, platillo y redoblante:, que forman el ritmo de "marcha camión". La murga cuenta con una gran complicidad del público, que transforma el tablado en un lugar lleno de emoción. La reacción del público, finalmente, es un elemento más de la tradición murguista en Uruguay: ¿qué serían estas letras contestatarias, graciosas o tristes, nostálgicas o esperanzadoras, sin la risa o el llanto en directo del público, o sin sus aplausos espontáneos que resuenan en las noches carnavaleras?
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